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lunes, 31 de diciembre de 2018

Comentarios a la Solemnidad de la Santa Madre de Dios (martes 1 de enero) por Monseñor João S. Clá Dias, EP* -Evangelio de Lucas 2, 16-21

[…] ¡Madre de Dios… y también Madre nuestra!
Ante la riqueza de la Liturgia inspirada por el Espíritu Santo para exaltar la maternidad divina de su Esposa, debemos comprender que también nosotros estamos contemplados en este privilegio de María Santísima. Todos los bautizados hacemos parte de la Santa Iglesia, Cuerpo Místico del cual Cristo es la Cabeza y nosotros sus miembros. ¡Ahora bien, quien es Madre de la Cabeza es Madre, de todo el Cuerpo! Y cuando nacimos para la gracia, en el Bautismo, pasamos a participar de la familia divina como hijos de Dios y hermanos de Nuestro Señor Jesucristo. También por este aspecto María es nuestra Madre.
Además, así como los ríos corren a partir de una vertiente, la fuente de nuestra vida sobrenatural es Nuestro Señor Jesucristo, pues "todos recibimos de su plenitud gracia sobre gracia" (Jn 1, 16). Y la Madre de ese manantial de gracias es también Madre de los arroyos que de Él proceden.
Fue el mismo Salvador que, crucificado entre dos ladrones en lo alto del Calvario, dio carácter oficial a la maternidad de Nuestra Señora haciéndola extensiva también a nosotros. En la persona de San Juan Evangelista, Jesús nos entregó a Ella como auténticos hijos, al decir: "¡Mujer, he ahí tu hijo!" (Jn 19, 26), y al Apóstol: "¡Aquí está tu Madre!" (Jn 19, 27). De esta forma, puso a disposición de todos nosotros, sus hermanos por la gracia y por la Redención, a su propia Madre. Y Ella ama a cada uno como si fuera su hijo único, a tal punto que si sumáramos el amor de todas las madres del mundo por un solo hijo, el resultado no alcanzaría al amor que Nuestra Señora nutre por nosotros individualmente. [17]
Prof. Plinio Corrêa de Oliveira
Encontramos en las palabras del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira una conmovedora consideración a este respecto: "Entre el Verbo Encarnado y nosotros hay algo en común, algo insuperablemente precioso: ¡tenemos la misma Madre! Madre perfecta desde el primer instante de su ser concebido sin mancha. Madre Santísima de tal manera que, en cada momento de su existencia, no cesó de corresponder a la gracia; sólo creció, creció y creció hasta alcanzar inimaginable elevación de virtud. Esta Madre, de Él y nuestra, tiene misericordia del hijo más estropeado, torcido, deshecho; y cuanto más estropeado, torcido y deshecho, mayor es su compasión materna. "Mi Madre: aquí estoy yo. Tenga pena de mí, ahora, como siempre ha tenido y, espero, siempre tendrá. ¡Purifíqueme, ordene, haga mi alma cada vez más semejante a la suya y a la de Aquel que, como a mí, se le da la indecible felicidad de tenerla por Madre!". [18]
A Jesús, cuya Navidad celebramos en esta octava, dirijamos nuestra mirada llena de gratitud e imploremos que lleguen a su plenitud las gracias por Él traídas al mundo al nacer en Belén: "Señor, vos queréis reinar sobre la tierra de una forma solemne, majestuosa y al mismo tiempo, maternal. Por eso, Vos entregáis vuestro Reino a vuestra Madre Santísima. ¡Os pedimos, Señor, que la misericordia de Ella triunfe cuanto antes! En este momento, nuestro corazón se dirige a Ella, lleno de certeza que su misericordia y bondad para con cada uno de nosotros es superior a la de cualquier madre. Ella está dispuesta a abrazarnos, a acogernos en su regazo y protegernos, ya sea contra la maldad de los hombres, sea contra la maldad que viene del infierno.
Mons. Joao Clá Dias, EP
En fin, Ella está dispuesta a hacer todo por nosotros. ¡Señor, no la retengáis! Dejad que la misericordia de Ella nos abrace, pues sólo así los horrores del mundo contemporáneo no alcanzarán nuestra alma. Te pedimos, Señor, que Ella despliegue sobre vuestros hijos toda su bondad maternal y misericordiosa, para que el reino del afecto, el reino del cariño materno, el reino de la bondad insuperable de María Santísima se establezca en la Tierra. Y que Ella aparezca sonriente en la ceremonia de inauguración de esta nueva era, diciendo a sus hijos: ‘Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfó”.
(CLÁ DIAS EP, Mons. João. In: Lo inédito sobre los Evangelios, Vol. III Librería Editríce Vaticana).
Texto completo en: Comentários ao Evangelho - Lc 2, 16-21 - Solenidade da Santa Mãe de Deus
[17] Cf. SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT, Traité de la vraie dévotion à la Sainte Vierge, op. cit., n.202, p.620.
[18] CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. A mesma Mãe. In: Revista Dr Plinio. São Paulo. Ano IX. N.96 (Mar., 2006); p.36
*Fundador de los Heraldos del Evangelio.