[…] IV –Jesús nos gobierna con dulzura
33 Muchos los vieron partir y reconocieron que eran ellos.
Saliendo de todas las ciudades, corrieron y llegaron junto a ellos.
No sabemos si, debido al viento, el barco habrá dado vueltas en sentido contrario, o si decidieron retrasar el desplazamiento por el hecho que la conversación había sido atrayente. Lo cierto es que un gran público los precedió en aquella distancia de 12 quilómetros (12). Hombres, mujeres, niños –varios de ellos enfermos- cruzaron el río Jordán en un verdadero testimonio de fe y de devoción a Jesús. “Así también, nosotros no debemos esperar que Cristo nos llame, sino que debemos anticiparnos para llegar hasta Él, conforme comenta Teófilo (13).






