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viernes, 9 de julio de 2021

Comentario al Evangelio – Domingo XV del T.O. (domingo 11 de julio) por Mons. João S. Clá Dias, EP



[…] IV – Dios da para cada época, los remedios más adecuados.

El mundo moderno necesita ser evangelizado no menos que el antiguo. Pero a veces, podemos sentirnos en desventaja en comparación con el pasado, al ver el avance abrumador del mal y la falta de trabajadores para anunciar la Buena Nueva.

¿Dónde están los nuevos apóstoles capaces de hacer milagros, como los de antaño, de expulsar los espíritus impuros y de predicar la penitencia como ellos? Dios siempre da para los males de cada época los remedios más adecuados. Cuando Jesús convocó a los Doce, era más conveniente, por el bien de las almas, que realizaran portentosos prodigios con el fin de probar la veracidad de la admirable doctrina que predicaban.

¿Y hoy? ¿Qué milagros necesita realizar quien se dedica al apostolado, para mover las almas hacia la conversión? En nuestra época tan secularizada, tal vez los milagros no produzcan el efecto que tuvieron en los tiempos apostólicos. Por eso, el “milagro” que los auténticos evangelizadores deben hacer es el de anunciar a Jesucristo mediante el testimonio de una vida santa; por lo tanto practicando la virtud, aspirando a la santidad y despreciando las solicitaciones y los mentirosos encantos del mundo. Este sí, es el milagro capaz de sorprender a nuestro mundo secularizado, pues la práctica estable de los Diez Mandamientos no es posible sólo con las fuerzas naturales de la voluntad humana, como nos enseña el Magisterio Eclesiástico. Es preciso que la gracia santificante divinice al hombre y lo haga actuar en búsqueda de la perfección.

Este es el portentoso milagro que podría sacudir la incredulidad o la indiferencia de nuestros contemporáneos, como tantas veces nos han recordado los últimos ​​Papas, y también enseñaba el Concilio Vaticano II, refiriéndose al apostolado laical: “Los laicos se convierten en valientes heraldos de la Fe en aquellas realidades que esperamos (cf. Hebreos 11,1) unir sin dudarlo, a una vida de Fe, profesión de la misma fe. Este modo de evangelizar, proclamando el mensaje de Cristo con el testimonio de la vida y con la palabra, adquiere un cierto carácter específico y una particular eficacia por realizarse en las condiciones comunes de la vida en el mundo”. [14]

Sigamos las sapienciales recomendaciones del Concilio Vaticano II, siendo auténticos heraldos de la Buena Nueva, como lo fueron los evangelizadores de los primeros tiempos de la Iglesia, sobre todo, con la “predicación” de una vida intachable y santa, según los admirables preceptos del Evangelio. Solo así una Nueva Evangelización podrá superar la ola de secularismo que invade la sociedad actual.

[14] Lumen Gentium, n. 35.

Trechos extraídos del texto original en portugués: Comentário ao Evangelho – XV Domingo do Tempo Comum

[Monseñor João Scognamiglio Clá Dias, EP es fundador de los Heraldos del Evangelio]

Fotografía: misioneros de los Heraldos del Evangelio realizando visitas con un oratorio peregrino de la Virgen de Fátima, a hogares de barrios
 periféricos.

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