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jueves, 15 de septiembre de 2022

Dios es el verdadero propietario de todo el Universo (Domingo XXV – Ciclo C) por Mons. João Clá Dias, EP

Para introducirnos en los comentarios al Evangelio de este Domingo 25° del Tiempo Común, analicemos los siguientes versículos:

10 Quien es fiel en lo poco también es fiel en lo mucho; y quien es injusto en lo poco también es injusto en lo mucho. 11 Si entonces no fueras fiel en las riquezas perversas, ¿quién te confiaría las verdaderas? 12 Y si no fueras fiel a otro, ¿quién te dará lo que es tuyo? 13 Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, u odiará uno y amará al otro, o será aficionado a uno y despreciará al otro. No puedes servir a Dios y al dinero.

Algunos autores dan a estos cuatro versículos el título de “apéndices parabólicos sobre las riquezas”. Las tres máximas contenidas en ellos son de fácil comprensión y evitan largas consideraciones.

Cabe señalar que Jesús no condena la propiedad, sino que la toma como una propiedad que se administrará temporalmente para la vida eterna. El hombre no es sino un simple administrador. Dios, sí, es el auténtico propietario. Si esta distinción es ignorada por el hombre, termina por violar la supremacía de Dios como Señor de todo lo creado, ingresando así, en la injusticia.

“Las riquezas en esta tierra no son la posesión absoluta del hombre. Él es administrador de estos bienes de Dios. Debes serle fiel en ellos. Es la expresión externa de su fidelidad. Así recibirá los 'propios' que, en este contexto, por la oposición establecida, parecen referirse a los dones espirituales que Dios, en compensación por esta fidelidad requerida para los otros, otorga en abundancia al discípulo.” [1]

Las expresiones: “riquezas verdaderas” y “lo que es tuyo” se refieren a los bienes sobrenaturales, los dones de la gracia, los únicos eternos y absolutos.

Sobre el último versículo (13), San Mateo lo coloca a lo largo del Sermón de la Montaña y en una formulación casi idéntica: "Nadie puede servir a dos señores, porque se odiará a uno y se amará al otro, o amará a uno y despreciará al otro. No se puede servir a Dios y a las riquezas" (Mt 6, 24). Tanto en Lucas como en Mateo, "se presenta la tesis y se da la razón de que no puede servir a dos señores: a Dios y a las riquezas. Por supuesto, entendido en un sentido de apego a ellas o en una adquisición o el uso reprobable de ellas.”. [2]

En estos versículos (9 a 13), el Divino Maestro se manifiesta como el Heraldo del desapego de todo lo que pasa. No es ilícito guardar los bienes en un cofre, lo que no podemos es atesorarlos en nuestros corazones.

[1] Pe. Manuel de Tuya OP, Biblia Comentada, BAC, Madrid, 1964, v. II, p. 874

[2] Id., ibid.

Fuente: CLÁ DIAS EP, Mons. João Scognamiglio. In: “Lo inédito sobre los Evangelios”, Vol. III Librería Editrice Vaticana.

Se autoriza su publicación citando la fuente.

Monseñor João S. Clá Dias es fundador de los Heraldos del Evangelio.
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