Soberbia, envidia e
ira en la reacción del primogénito.
El primogénito era buena persona, según la narración,
pues vivía constantemente junto a su progenitor y todo lo que poseía lo había
dejado en manos de éste. Nunca había practicado la menor desobediencia, en su
servicio prestado por largos años. Era, pues, muy disciplinado y fiel.
Sin embargo, su reacción frente a la conversión del hermano pródigo no tuvo origen en ninguna de las cualidades enunciadas. Por el contrario, fue movida por la soberbia, la envidia y la ira, como innumerables veces encontramos en nuestras relaciones sociales.