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domingo, 12 de mayo de 2019

Comentarios al Evangelio IV Domingo de Pascua –Ciclo C- por Mons. Joao Scognamiglio Clá Dias, EP

[…] Jesús afirma su divinidad y es rechazado por los fariseos
30 Yo y el Padre somos uno
Oigamos al P. Manuel de Tuya, OP, comentado este versículo: "Finalmente, Cristo, como garantía de ese poder salvífico que tiene para con sus ovejas, proclama su divinidad, diciendo: ‘Yo y el Padre somos una sola cosa’. Esta unidad entre el Padre y el Hijo se expresa directamente en el poder. Los poderes divinos del Padre son los del Hijo. No en el sentido de que la voz o el anuncio de un profeta es la voz o el anuncio de Dios. Precisamente los profetas de modo explícito hablaban en nombre de Dios, y eso no llamaba la atención a nadie. Pero en el presente caso la afirmación es absolutamente trascendente en la comunicación de poderes. Y, si existe esta comunidad o identidad de poderes, presupone esto una unidad e identidad de naturaleza. Por esto se hace visible el misterio divino de Cristo.
“Esta expresión encuentra su explicación en la ‘Oración sacerdotal’, en la que Cristo pide al Padre que lo glorifique con la gloria que tuve junto a ti, antes que el mundo fuese creado’ (Juan 17, 5), del mismo modo que en el Prólogo , en el cual se enseña abiertamente que el Verbo, que se va a encarnar, 'era Dios'” [12].
Esta es la más osada, profunda y misteriosa afirmación hecha por Jesús al respecto de la comunidad de esencia entre Él y Dios: se trata de una unión metafísica insondable.
Los profetas que allí estaban deberían haberse mostrado fieles intérpretes de los profetas, humildemente abandonando sus egolátricos preconceptos nacionalistas y sus exóticas prácticas religiosas. Si ellos no endureciesen sus corazones, sino que se dejasen conmover por las maravillosas revelaciones del esperado Mesías –comprobadas por los numerosos y convincentes milagros hechos por Él-, por el don de la fe comprenderían y amarían a aquel Dios hecho Hombre y lo seguirían. Serían ovejas de su rebaño.
El Buen Pastor, es la figura principal del Evangelio de este domingo
¿Qué decir del mundo actual, que no interpone la ley escrita a la Ley del Espíritu -como lo hacían los malos judíos de otrora-, pero coloca la ley del gozo y de la carne, la ley del relativismo contra la Ley de Cristo, consagrada por Él con su vida y resurrección, y por su santa Iglesia?
Muy contrariamente a la buena posición, quisieron los fariseos recoger piedras para matar a Jesús por tantos e insuperables dones que les ofrecía (Juan 10, 31). ¿Qué hará el mundo de hoy contra Cristo y su santa Iglesia frente a las dádivas que, a través de ellos, les promete Dios?
(CLÁ DIAS EP, Mons. Joao Scognamiglio. In: “Lo inédito sobre los Evangelios”, Vol. III Librería Editrice Vaticana)
[12] Biblia Comentada, BAC, 1964, V. II, pp. 1181-1182