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viernes, 28 de agosto de 2020

Comentario al Evangelio – XXII Domingo del T.O. (domingo 30 de agosto) por Mons. João Clá Dias, EP


 […] IV –Esperanza en la verdadera vida.

La liturgia de este domingo nos incentiva a que vivamos de acuerdo con nuestra fe, en coherencia con los principios de la Religión. A no orientar nuestra conducta buscando obtener riquezas, elevada posición social, amistades terrenas o cualquier otro bien de este mundo, ignorando cuán efímeros son los beneficios que todo eso proporciona.

Al tener siempre en vista que nuestro fin último no se cumple aquí en la tierra, y que en la eternidad, para la cual nacimos, sólo valen los méritos espirituales.

Para quien se salva, la verdadera vida comienza después de la muerte. Por esto la Iglesia celebra la fiesta de un santo en el día de su nacimiento para el Cielo. Debemos, por tanto, a imitación de los santos, aceptar todos los sufrimientos, rechazos y humillaciones que la práctica de la virtud nos imponga en este valle de lágrimas, seguros de que ellos se transformarán en gloria cuando nos encontremos en la visión beatífica.

En resumen, el Evangelio de este domingo nos da la siguiente lección: el hombre vale en la medida en que esté dispuesto a enfrentar el dolor por amor de Dios. La vida en esta tierra está llena de dificultades y sufrimientos; si los abrazamos con amor, ellos vendrán acompañados de una suave alegría, engrandecerán nuestros corazones y nos prepararán para el Cielo; si por el contrario, nos dejamos arrastrar por las pasiones, nuestra alma insatisfecha y degradada habrá iniciado las vías del infierno.

Mons. Joao Clá Dias, EP

Por consiguiente, en unión con Nuestro Señor Jesucristo, abracemos decididamente nuestra cruz y sigamos el Divino Maestro rumbo a la gloria de la eternidad, donde no habrá siquiera sombra de padecimiento, sino sólo la felicidad total e imperecedera: ¡“Por crucen ad lucem”!

En los períodos de probaciones, refugiémonos junto al Santísimo Sacramento, y recurramos a la Virgen Santísima, invocándola por medio de la recitación del Rosario, confiados en que, finalizada la noche oscura, renacerá con mayor esplendor el sol de la consolación espiritual.

Texto completo: Comentário ao Evangelho XXII Domingo do Tempo Comum – Ano A – Mt 16, 21-27

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