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sábado, 12 de noviembre de 2022

Comentario al Evangelio - XXXIII Domingo T.O. Ciclo C - por Mons. João S. Clá Dias, EP

 Proclamar la belleza triunfante de la Iglesia

Dos significativos episodios históricos, entre tantos otros, pueden ilustrar la enseñanza de la liturgia de este domingo [33° del Tiempo Ordinario].

El filósofo iluminista François-Marie Arouet, más conocido por el seudónimo de Voltaire, fue uno de los más festejados impíos de todos los tiempos. Su odio contra la Iglesia lo llevó a afirmar: “Estoy cansado de oír decir que bastaron doce hombres para implantar el Cristianismo en el mundo, y quiero mostrar que basta uno para destruirlo”. [1] Pero, el atrevido ateo murió y la ridícula amenaza cayó en el vacío.

No menos arrogante con la Esposa de Cristo fue Napoleón Bonaporte. Después de ser ex comulgado por el Papa Pio VI, tuvo la petulancia de preguntar sarcásticamente al legado papal, Cardenal Caprara, si por causa de eso se caerían las armas de las manos de los soldados. Según narran testigos oculares, entre los cuales estaba el Conde de Ségur, fue lo que sucedió durante la campaña de Rusia: “Las armas de los soldados parecían ser de un peso insoportable para los brazos entumecidos; en sus frecuentes caídas, se les escapaban de las manos, se quebraban o perdían en la nieve”. [2]

Meses después, Bonaparte se vio obligado a firmar el decreto de su propia destitución en el palacio de Fontainbleau, donde mantuviera cautivo al Vicario de Cristo, y partió para el exilio. Pio VII, mientras tanto, a quien él llamara despectivamente de “viejo”, reinaría por casi una década sobreviviendo por dos años al prisionero de la Isla de Santa Elena. Y, así podríamos multiplicar los ejemplos mostrando “ser una característica de la Iglesia el vencer cuando es atacada, ser mejor comprendida cuando es contestada y ganar terreno cuando es abandonada”, según enseña San Hilario de Poitiers. [3] El padre Monsabré agrega: “muchas veces, en el curso de la Era Cristiana, se puede ver el Cuerpo Místico del Hijo de Dios a punto de perecer, muchas veces se puede verlo recobrar la vida y avanzar con paso decidido a los días de la eternidad”. [4]

Los períodos de persecución nos invitan a depositar una fe inquebrantable en Cristo y en su Iglesia, pero también a amarlos de un modo todo especial. “En tiempos de grandes prevaricaciones”, afirma el Cardenal Gomá, “hasta los buenos se tornan tibios. Sin embargo, en medio de las deserciones y tibiezas, perseverarán los fuertes, los que guarden la fe y las buenas costumbres cristianas. Estos se salvarán: “Quien persevere hasta el final, será salvado” (Mt 24, 13) Siendo constantes, obtendrán la salvación”. [5]

¡Al situarnos delante de una grandiosa perspectiva escatológica, el Evangelio de este domingo nos convida a proclamar la belleza triunfante de la Santa Iglesia, en la confianza plena de quien permanece filialmente en su seno obtendrá como premio al propio Dios! 

[1] CONDORCET. Vie de Voltaire in OEuvres completes de Voltaire. Paris: Th. Desoer, 1817, t.I, p.55.

[2] SÉGUR, Conde de, apud HENRION, Barón. Historia general de la Iglesia. 2.ed. Madrid: Ancos, 1854, t.VIII, p.153

[3] SAN HILARIO DE POITIERS, apud BERINGER, R. Repertorio universal del predicador. La Iglesia y el Papado. Barcelona: Litúrgica Española, 1933, v.XVIII, p.241.

[4] MONSABRÉ, OP, Jacques--Marie-Louis. Retraites pascales. I- La tentation. I- Recherche de Jésus-Christ. Paris: Lethielleux, 1877-1888, p.319.

[5]Cf. GOMÁ Y TOMAS, Isidro El Evangelio explicado. Barcelona: Casulleras, 1930, v.IV, p. 113

Fuente: (CLÁ DIAS EP, Mons. João Scognamiglio in: “Lo inédito sobre los Evangelios” Vol. III Librería Editrice Vaticana).

Se autoriza su publicación citando la fuente.

Monseñor João S. Clá Dias, EP es fundador de los Heraldos del Evangelio.

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