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jueves, 17 de noviembre de 2022

Comentario al Evangelio de la Solemnidad de Cristo Rey (domingo 20 de noviembre) por Mons. João Clá Dias, EP

La encíclica Quas primas de Pío XI, publicada en 1925, goza hoy en día de una merecida fama, y la anual celebración de la solemnidad de Cristo Rey perpetúa la eficacia de sus benéficos efectos. Ante el laicismo que pretendía imponerse ya en aquella época, el pontífice proclamó con gallardía la realeza del Príncipe de la paz. Sin embargo, sus enseñanzas no fueron escuchadas, y casi un siglo después la humanidad se encuentra cada vez más alejada del divino cetro de Jesucristo, negándole las prerrogativas de soberano en el ámbito temporal, y hasta en el religioso, con graves consecuencias para la vida moral, familiar, social e incluso económica.

Rey sumamente misericordioso

El Evangelio seleccionado por la liturgia [Solemnidad de Cristo Rey] es la expresión más conmovedora y misericordiosa del reinado de Cristo, Cordero inmolado, que en su piedad suscita la fe del malhechor y la premia, prometiéndole el Paraíso al cruzar el umbral de la muerte.

El pasaje de San Lucas que nos ocupa es de una belleza inefable. Clavado en la cruz, Nuestro Señor continúa haciendo el bien, el sumo bien, que consiste en llevar al Cielo a un pecador. Ninguno de los milagros realizados por Él anteriormente, incluso el de resucitar a los muertos, manifiesta tanto su divino poder como la conversión y salvación del buen ladrón, así llamado no en función de sus hurtos, sino de su arrepentimiento en el momento decisivo.

Jesús resplandece, en medio de llagas y escarnios, como rey. Sí, Rey de ese Reino que no es de este mundo. Pero también rey en medio de esbirros y un sanedrín blasfemo, pues la maldad más encarnizada de los hombres no le priva de la libertad de premiar a una oveja descarriada que in extremis abre su corazón pobre e inmundo al Buen Pastor, siendo acogida por Él con un abrazo de compasión, amor y ternura que durará toda la eternidad.

¡Esperemos la venida del Reino de Jesús, por medio de María!

Como eco fidelísimo del Señor de los señores, proclamamos llenos de fe que el mundo camina rumbo al triunfo espiritual de Cristo, que se irradiará en los corazones de los hombres e imperará sobre las instituciones, las costumbres, las modas, los gustos, las sociedades y las familias. Se habrá cumplido entonces la otra petición del Padre nuestro: «Venga a nosotros tu Reino».

Esta victoria, no obstante, se hará efectiva por intercesión de María Santísima, asociada íntimamente al misterio de la salvación como Corredentora y Madre de la nueva humanidad rescatada por la sangre del Cordero. También Ella prometió en Fátima que su Inmaculado Corazón triunfaría, junto al de Jesús, con el cual forma un solo Corazón.

        Casa de Formación Thabor, de los Heraldos del Evangelio, Caieiras (Brasil).

Los medios por los cuales se llevará a cabo ese triunfo nos son desconocidos en sus detalles. Sabemos únicamente que, como el buen ladrón, la humanidad debe ser sacudida hasta el extremo de reconocer, humillada, su prevaricación y su culpa. Entonces, entre la aspereza de la penitencia, será elevada a una altura espléndida por un nuevo Pentecostés mariano, pues sin la gracia tal conversión no se obrará. Son necesarios, en verdad, irresistibles torrentes de gracia.

Nos corresponde apresurar ese momento con nuestra oración confiada, lucha incansable y generoso espíritu de sacrificio.

Trechos extraídos de Revista Heraldos del Evangelio, Año XX N°  232. Noviembre de 2022.

Fuente: Heraldos del Evangelio – Uruguay

Se autoriza su publicación citando la fuente.

Ilustración superior: Cristo Rey - Iglesia de Nuestra Señora de la Gloria, Juíz de Fora (Brasil).

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