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viernes, 19 de marzo de 2021

Comentario al Evangelio – V Domingo de Cuaresma (Ciclo B) - por Monseñor João S. Clá Dias, EP

Al recibir una señal de su Pasión próxima, Jesús ve venir la hora de la glorificación.

La liturgia selecciona el Evangelio de este domingo con el fin de preparar la Pasión de nuestro Salvador. La muerte de Jesús se acerca y, al mismo tiempo, ya se anticipan los primeros destellos de su posterior glorificación. “Per crucem ad lucem –llegará a los esplendores del triunfo por medio de la cruz. Analicemos la narración de San Juan Evangelista. […]

Gloria y vanagloria

El Doctor Angélico comienza por preguntarse si el deseo de gloria es pecado. Para responder, él recuerda que, según San Agustín, “recibir gloria es recibir brillo”. Y continúa: “El brillo tiene una belleza que impresiona las miradas. Es la razón por la cual la palabra gloria implica la manifestación de algo que los hombres consideran bello. (…) Pero, como aquello que es especialmente brillante puede ser visto por la multitud, incluso de lejos, la palabra gloria indica precisamente que el bien de alguien llega a la aprobación y conocimiento de todos”.  Habiendo definido así el sentido de “gloria”, él afirma: “"Que se conozca y apruebe su propio bien, no es pecado". Igualmente “no es pecado querer que sus buenas obras sean aprobadas por los otros, pues se lee en San Mateo (5, 16): ‘Brille vuestra luz delante de los hombres’. Así, el deseo de gloria de sí, no se refiere a nada de vicioso”.

Mons. Joao Clá Dias

En sentido contrario, Santo Tomás explica que el apetito de la gloria vana es vicioso y se verifica en tres circunstancias: 1) cuando la realidad de la cual se quiere sacar la gloria no existe o no es digna de gloria; 2) cuando las personas con quienes se busca la gloria no tienen opiniones confiables; 3) cuando el deseo de gloria no está relacionado con el fin necesario: la honra de Dios o la salvación del prójimo. En la secuencia de este raciocinio, Santo Tomás de Aquino afirma: “El hombre puede desear encomiablemente su propia gloria para el servicio de los demás, como está dicho (Mt 5, 16): ‘para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen vuestro Padre que está en los cielos’.” La gloria que podemos recibir de Dios no es vana, y ella está prometida en recompensa por las buenas obras. […]

Dos lecciones

El Evangelio de este 5° Domingo de Cuaresma nos trae dos bellas e importantes lecciones: para la gloria de Dios, no sólo debemos aceptar el sacrificio de nuestra propia vida, como también apartarnos de la vanagloria; y si fuese necesario, buscar la verdadera gloria para el bien de los otros y de nosotros mismos. “Christianus alter Christus” (el cristiano es otro Cristo). Tenemos la obligación de ser otros Cristos con respecto al fin último para el que fuimos creados y redimidos: “ad majorem Dei gloriam”, para la mayor gloria de Dios, según el lema elegido por San Ignacio de Loyola para su Compañía de Jesús.

Trechos extraídos del texto original en portugués: Comentário ao Evangelho do 5° Domingo da Quaresma – Ano B- Jo 12, 20-33

Monseñor João S. Clá Dias, EP es fundador de los Heraldos del Evangelio.

Se autoriza la publicación citando la fuente.

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