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jueves, 11 de marzo de 2021

Comentario al Evangelio – IV Domingo de Cuaresma o Domingo Laetare (domingo 14 de marzo) por Mons. João S. Clá Dias, EP

 
La conversación nocturna.

Recibiendo afablemente un potencial discípulo, Jesús, el primer evangelizador de la Historia, procura prepararlo con cuidado y tacto didáctico para ser capaz de creer en su divinidad.

Jesús fortalece la fe de un discreto discípulo

Ánimos divididos ante la figura de Jesús

El Evangelio de este domingo (Domingo Laetare o Domingo de Alegría) es la parte final de la conversación nocturna entre Jesús y Nicodemus. Antes de este encuentro, Él había realizado el milagro de las bodas de Caná y expulsado los mercaderes del Templo. Crecía el número de los convertidos, pues todos comprobaban la grandiosidad de Jesús “al ver los milagros que hacía” (Juan 2, 23). Mientras tanto, no era íntegra, como debería ser, la fe de aquellos admiradores, porque las esperanzas del pueblo judío estaban puestas en un Mesías politizado, cargado de cualidades humanas, según el concepto mundano de la época. Por eso “Jesús no se fiaba en ellos” (Juan 2, 24). Si algunos llegaban a discernir los aspectos sobrenaturales de Jesús, sin embargo les faltaba la proporcionada abnegación y entrega para seguirlo incondicionalmente.

A pesar de esto, por parte del pueblo sencillo la nota tónica era de franca simpatía.

No sucedía lo mismo con las autoridades religiosas. Surgió delante de ellos un profeta predicando una doctrina nueva, dotada de potencia que sacudía la estructura de los principios religiosos aprendidos por ellos en una escuela de larga tradición. Sobre esta dificultad, se suma otra grave: la expulsión de los mercaderes del Templo. Por causa de esto, los ánimos estaban cargados de fuertes susceptibilidades, y la figura de Jesús, además de crearles un tormentoso problema de conciencia, a cada paso les hacía sangrar las mal cicatrizadas heridas del resentimiento. […]

Jesús en la conversación nocturna con Nicodemus.

IV – Oración Final

Jesús, en su infinita bondad, quiso lo mejor para el alma de Nicodemus a lo largo de esa conversación nocturna, la cual pasó a la historia y hoy se despliega ante mis ojos, en esta Liturgia. Cuando me coloco en el lugar de Nicodemus, brotan en el fondo de mi corazón anhelos de adoración, arrepentimiento y súplica, frente a esta Luz que vino al mundo:

“No permitas, oh mi Jesús, que yo haga parte de los que odian la luz. Hace con que crea ‘en el nombre del Hijo Unigénito de Dios’. Por María Santísima, te pido, concédeme la gracia de un dolor pleno de mis faltas, considerándome el mayor de todos los pecadores, sin jamás perder la confianza en el ilimitado valor de tu preciosísima sangre. Aumenta mi esperanza, mi fe y mi amor a Vos, para que, en tu luz, yo pueda contemplar la luz por toda la eternidad. Amén”.

Trechos extraídos del texto original en portugués: Comentários ao Evangelho IV Domingo da Quaresma – Ano B - Domingo Laetare

Se autoriza su publicación citando la fuente.

Monseñor João S. Clá Dias es fundador de los Heraldos del Evangelio.

Canales de los Heraldos del Evangelio:

www.heraldos.org.uy

Facebook: heraldosuruguay

Instagram: @heraldos_uruguay

Twitter: @heraldos_uy

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