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jueves, 28 de enero de 2021

Comentario al Evangelio – IV Domingo del T.O. (domingo 31 de enero) por Mons. João Clá Dias, EP

I – La batalla de nuestra vida espiritual

Una de las más indispensables meditaciones propuestas por San Ignacio de Loyola en los famosos Ejercicios Espirituales es la de las “Dos Banderas”. En ella, el fundador de la Compañía de Jesús nos presenta la vida espiritual como un campo de batalla donde se enfrentan dos ejércitos: el de Nuestro Señor Jesucristo, supremo Capitán y Señor, y el de satanás, mortal enemigo de la naturaleza humana.

Frente a estos comandantes antagónicos, con trazos muy bien definidos, se hace imposible tomar una posición neutral. “Cristo llama y quiere a todos los hombres bajo su bandera; y Lucifer, al contrario, debajo de la suya.” [1] No hay una tercera opción; es necesario hacer una elección.

El peculiar gobierno del demonio

¿Cuáles son las características del jefe de los malos? En el Evangelio de San Juan, Nuestro Señor lo califica como “mentiroso y padre de la mentira”. “Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba con él. Cuando habla de la mentira, habla de aquello que le es propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira” (Juan 8, 44).

Incapaz de actuar directamente sobre la inteligencia y la voluntad del hombre, el demonio pretende gobernar las almas a través de un influjo externo que busca oscurecerles progresivamente el raciocinio hasta obnubilar en ellas el discernimiento entre el bien y el mal. Por medio de recursos psicológicos, que utiliza con maestría, busca llenar sus corazones con deseos que los lleven a pecar cada vez más. A cada falta cometida, la voluntad del pecador se debilita, su inteligencia pierde la lucidez y se hace más vulnerable a su hechor.

Ahora bien, este arrogante caudillo no tiene ningún poder de penetrar en el alma, ni siquiera en la de un poseído, pues, en este caso, su dominio se refiere apenas al cuerpo. Su acción es análoga a la del asaltante que, al robar un auto, toma la dirección de éste, empujando el dueño hacia el asiento del acompañante: tiene el control del vehículo, pero no de la inteligencia o de la voluntad del propietario. […]

IV – Dios es siempre más fuerte

Entonces, cuando la probación nos aflija, o la tentación nos atormente, tengamos seguridad que el “supremo y verdadero Jefe de los buenos” [18] está a nuestro lado, dispuesto a intervenir en el momento más oportuno para su gloria y nuestro provecho espiritual.

El Jesús que hoy nos aguarda en la Santa Comunión es el mismo que expulsó el demonio en Cafarnaúm e hizo toda especie de milagros en Galilea. Bajo el velo de las Sagradas Especies, se oculta la figura majestuosa del “más bello de los Hijos de los hombres” (Sl 44, 3), delante de cuya omnipotencia le es imposible al demonio resistir.

[1] SAN IGNACIO DE LOYOLA. Obras Completas. Madrid: BAC, 1952, p.186. Garrigou-Lagrange afirma que esa gracia “es eficaz por sí misma, porque Dios así lo quiere, y no sólo por haber previsto que nosotros la aceptaríamos sin resistencia”

[18] SAN IGNACIO DE LOYOLA, op. cit., p.139.

Trechos extraídos del original en portugués: Comentário ao Evangelho – IV Domingo do Tempo Comum – Mc 1, 21-28

Se autoriza la publicación citando la fuente.

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