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viernes, 28 de febrero de 2020

Comentario al Evangelio Domingo I de Cuaresma (domingo 1 de marzo) por Mons. Joao S. Clá Dias, EP


[…] “La vida del hombre sobre la tierra es una lucha”

Los fenómenos de la naturaleza humana, hasta los más comunes, no raras veces obedecen las leyes, que al ser analizadas con atención, pueden proporcionarnos valiosas lecciones. Es lo que sucede cuando sufrimos una fractura y somos obligados, por ejemplo, a mantener enyesado por un largo período un brazo o una pierna. En el momento en que el yeso es retirado comprobamos que el miembro afectado, otrora fuerte y vigoroso, se tornó flácido. La musculatura quedó atrofiada por la inmovilidad, siendo necesario someterlo a sesiones de fisioterapia para recuperar su funcionamiento normal. Algo parecido se verifica con el hombre que trabajó la vida entera y, al jubilarse, opta por una existencia sedentaria, permaneciendo sentado la mayor parte del día en una confortable silla mecedora. Con el paso del tiempo, esta rutina, puede exponer a la persona a una enfermedad, pues la constitución del ser humano exige movimiento, esfuerzo y combate.

Esto tiene su aplicación en la vida espiritual, y con mayor razón. Nuestra alma precisa ejercitarse constantemente en la virtud con el fin de adherir al bien con todas las fuerzas, para que las dificultades, sobre todo la tentación, contribuyen con un importante estímulo, como lo recuerda San Agustín: “Nuestra vida en este destierro no puede existir sin tentación, ya que nuestro progreso es llevado a cabo por la tentación. Nadie se conoce a sí mismo si no es tentado; ni puede ser coronado si no vence; ni vence si no pelea; ni pelea si le faltan enemigo y tentaciones”.

Jesús es tentado por el diablo, de mil modos
La Liturgia de este 1er. Domingo de Cuaresma nos enseña a reconocer la necesidad y el valor de la tentación. […]

Nuestra fuerza está en la gracia

Frente a la tentación, debemos creer en la fuerza de Nuestro Señor Jesucristo y no en la nuestra. En el desierto, el diablo quiso convencerlo de cuanto Él era poderoso, capaz y apto para estar en el centro de los acontecimientos, y hace lo mismo con nosotros incitándonos, por el orgullo, a olvidar la gracia y la vida interior, imprescindibles para resistir. Por esto la necesidad absoluta de aproximarnos a los Sacramentos con la mayor frecuencia posible, de “orar siempre y jamás dejar de hacerlo” (Lc 18, 1); de recurrir a la mediación de la Santísima Virgen y a la intercesión de los santos; de tener a lo largo de todo el día, nuestra primera atención puesta en lo sobrenatural, como San Pablo: “Mi vida presente, en la carne, yo la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). Obtendremos fuerzas para enfrentar todos los problemas, pues quien es negligente en su vida interior pierde el principal instrumento de combate. El Apóstol, confiando en la ayuda divina, no se sentía intimidado por ninguna adversidad: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación? ¿La angustia? ¿La persecución? ¿El hambre? ¿La desnudez? ¿El peligro? ¿La espada? Realmente está escrito: ‘Por amor a ti somos entregados a la muerte el día entero; somos tratados como ganado destinados al matadero’. Pero, en todas estas cosas, somos más que vencedores por la virtud de Aquel que nos amó. Estoy persuadido que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni el presente, ni el futuro, ni las potestades, ni las alturas, ni los abismos, ni otra cualquier creatura nos podrá apartar del amor que Dios nos testimonia en Cristo Jesús Nuestro Señor” (Rm 8, 35-39).

¡Si un niño recién bautizado tiene más poder que todos los infiernos reunidos, los que poseen la vida divina nada deben temer! Cuando el enemigo nos asalta, unámonos aún más a Nuestro Señor Jesucristo, animados por la lección de este inicio de Cuaresma: para vencer todas las tentaciones es indispensable contar con la gracia divina.

La Cuaresma se inició con la celebración del Miércoles de Cenizas

(CLÁ DIAS, Mons. Joao Scognamiglio In: “Lo Inédito sobre los Evangelios” Vol. I, Librería Edítrice Vaticana)